 |
| A UN MES DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN ESTADOS UNIDOS |
| Obama saca ventaja de la crisis |
| Por Mario del Carril La debacle financiera de Wall Street modificó de manera profunda la percepción del electorado norteamericano. Barack Obama, sin cambiar sustancialmente su discurso académico y distante, es visto como el candidato más idóneo para conducir a Estados Unidos en medio de una crisis global. John McCain, en cambio, no logra remontar una pendiente electoral que puede ser definitiva. |
 |
|
|
|
 |
|
Estamos aproximadamente a 30 días de las elecciones norteamericanas y Barack Obama se ha recuperado, después de haber sufrido un espectacular golpe durante la campaña a manos de su rival John McCain, cuando nombró candidata a videpresidenta a la simpática e inexperta gobernadora de Alaska, Sarah Palin. Obama le sacó a McCain una ventaja de seis a nueve puntos en las últimas encuestas. Ahora, todo depende del debate de los vicepresidentes, cuyo resultado en los sondeos de opinión se verá a partir del martes o jueves de esta semana. La historia del modo en que Obama recuperó el terreno perdido es interesante y tiene que ver con lo que se puede denominar la gestalt de la política norteamericana. Este revés de fortuna que favoreció al senador demócrata no se debe a una táctica o estrategia nueva del candidato presidencial. Obama sigue imperturbable, ceñido a su estilo de profesor, que algunos consideran desdeñoso, y a sus discursos que llegan a alturas cicerónicas, los que estimulan a los republicanos a ridiculizarlos. Lo que ha cambiado es el fondo sobre el cual son percibidos los dos candidatos a presidente. Es decir, los miedos, las ansiedades, y las preocupaciones del electorado norteamericano que filtran su visión de los candidatos. El cambio se debe, obviamente, a la crisis financiera, que provoca que la sociedad esté más preocupada por su bienestar económico que por su seguridad. Para los norteamericanos, el factor económico se presenta como un peligro inmediato, la seguridad como un peligro remoto. Más aún, si hubiera un ataque terrorista exitoso, tendría que ser muy grande para lograr el efecto de una crisis que afecta a decenas de millones de norteamericanos temerosos de perder sus hogares, la capacidad de educar a sus hijos en universidades, sus pensiones y hasta sus trabajos. Para ganar la elección, McCain tiene que volver a cambiar el discurso y llevar nuevamente como tema de discusión el terrorismo. O, si no, lograr ser percibido como la persona capaz de resolver la crisis financiera que afecta al país. Un norteamericano medio preocupado por el terrorismo no cree confiable a un candidato presidencial negro, llamado Obama, con padrastro musulmán, amigo de un pastor extremista y que habla como un profesor universitario. Piensa que el candidato demócrata es “sesentista”, lo equivalente del “setentista” argentino, integrante de la Coalición Arco Iris de Jessie Jackson, que tiene un discurso que linda con lo antinorteamericano. En definitiva, un zurdo que puede ser simpático pero que no es la persona para ser presidente. En cambio McCain, con su estampa de veterano de guerra y héroe de los campos de concentración del gobierno enemigo de Vietnam del Norte, con experiencia y pelo blanco, ofrece seguridad. El aspecto machista de McCain conforta a la inseguridad de la derecha y de una franja amplia del electorado que no está comprometido con ninguno de los dos candidatos.
HASTA LAS PUERTAS DEL INFIERNO A sabiendas de esta actitud y la preocupación de los norteamericanos, el equipo de campaña del candidato republicano decidió capitalizarla hace unos meses. De esta manera, proyectó a su candidato en actitudes decisivas y sin momentos reflexivos que pudieran interpretarse como dubitativos, dando respuestas cortas y apretando sus maxilares en signo de determinación, como si estuviera en plena guerra a cargo de un pelotón listo a tomar la posición fuerte frente al enemigo. “Seguiré a Osama Bin Laden hasta las puertas mismas del infierno”, es un mantra de McCain que su equipo de campaña repite mucho. Con todo esto, sumado a la negritud de Obama, que obviamente McCain utiliza a su favor por el racismo residual que todavía queda en sectores del pueblo norteamericano, el demócrata se había mantenido a tiro del republicano, en un año en el que Obama debería arrasar por la fracasada presidencia del republicano George W. Bush y cuando, en las encuestas genéricas, el partido demócrata es más popular que el partido republicano. Para seguir esta línea de ataque, los asesores de McCain impusieron, por encima de los deseos de su propio candidato, a la gobernadora Palin como aspirante a la vicepresidencia. McCain hubiera preferido elegir al senador Joe Lieberman o, incluso, a Mitt Romney, porque el primero es una figura respetable y al segundo se lo reconoce como especialista en economía, porque fue un empresario exitoso. De este modo, los publicistas del candidato republicano realizaron una maniobra que al principio pareció brillante: subieron a Palin al escenario nacional como si fuera una estrella de cine al introducirla primero en un aviso publicitario vestida de fajina y portando una ametralladora. Así, los republicanos equipararon las encuestas y McCain llegó a tener hasta tres puntos de ventaja sobre Obama. ¿Cuál era el mensaje? Algo así como “nosotros somos los verdaderos norteamericanos que compartimos sus valores auténticos y podemos defender sus vidas y haciendas con sacrificio, tenacidad, valor y competencia”. Claro, esto dejaba subyacer otro que indicaba que “Obama es incapaz de defenderlos”. McCain-Palin estaban en la cima, eran como Batman y Robin listos a descender sobre Washington para colocar a la ciudad patas para arriba eliminando todo lo que debilita a Estados Unidos en este tiempo, cuando los terroristas están al acecho. ¿Que podía hacer un señor con el extraño nombre Barack, largo, flaco y negro que, además, porta el apellido Obama que rima con Osama? Nada, mientras el fondo sobre el cual se perciben los candidatos no cambiara. Pero el fondo cambió, y fue gracias a la irresoluta crisis financiera. Hoy, los norteamericanos tienen otras ansiedades, miedos y preocupaciones. Las características de McCain, ayer percibidas como virtudes, hoy son cuestionadas casi como vicios. En tanto, las características de Obama, que eran vistas por los menos como cuestionables, hoy aparecen como virtudes. Se produjo un cambio global en el tablero político norteamericano y ahora gana Obama con las mismas características que tenía ayer. La posibilidad de que los republicanos puedan revertir este cambio parece difícil, no imposible. McCain y Palin ya no son Batman y Robin. Son vistos como un abuelo y su nieta que no tienen la capacidad, ni la preparación, para enfrentar este tipo de problema. Es más, en tiempos de crisis económicas, los demócratas, especialmente los demócratas blancos de baja clase media, recuerdan las historias de sus abuelos sobre Franklin Delano Roosevelt y sus programas de asistencia social, inaugurados en la década de los treinta.
CAMBIO DE MIRADAS De pronto, Obama es quien aparece como presidenciable. Después de ser visto como un hombre desatendido, desconectado y elitista, ahora se lo ve como prudente, sabio, conocedor de las alternativas, las ideas y aun las personas que pueden resolver la actual crisis. Encima, en su equipo económico figura prominentemente Robert Rubin, quien fue el exitoso secretario del Tesoro de Bill Clinton. Tanto es que Obama aparece como más presidencial que McCain, que en el primer debate, aunque no le pegó al republicano -como muchos demócratas querían- lo trató como a un alumno aventajado al decirle que algunas de sus propuestas para algo servían. Apareció como un hombre buscando soluciones constructivas a los problemas reales, inmediatos y no hipotéticos, y no dedicado a pelearse con el otro. Las diferencias entre ambos candidatos se acentuaron cuando el equipo de publicistas que aconseja a McCain cometió su primer error estratégico de la campaña. Al ver que la atención del electorado viraba a la cuestión económica, el equipo republicano se propuso robarle el tema a Obama utilizando las características que al electorado le habían parecido tan admirables. Al hacerlo, no se dieron cuenta de que la gestalt de la elección había cambiado. Tomaron, entonces, una acción sorpresiva, diseñada para producir el mayor efecto dramático posible y así llamar la atención sobre las cualidades de liderazgo de su candidato. Así, McCain suspendió la campaña política por la crisis financiera, pidió cancelar el debate y fue a arreglar la crisis a Washington, donde el mayor problema para implementar un remedio era la renuencia de los diputados de su propio partido de apoyar la solución propuesta, que el Estado interviniese en el mercado. Pero perdió, no convenció a los republicanos de votar a favor del rescate. Además, al suspender la campaña y eludir el debate, le dio pie a Obama para que lo chicanease con que McCain debería saber que para ser presidente es necesario saber hacer más de una cosa a la vez, multitask. Sin embargo, ése no fue el único problema. El líder de un pelotón en guerra cuya misión es triunfar aun sacrificando a todos, no es la persona indicada para ser el líder de una nación en medio de una crisis financiera. Las características publicitadas de McCain servirían si se tratara de derrotar al terrorismo y, en realidad, si se estuviera al mando de un pelotón de fuerzas especiales. Pero son irrelevantes en tiempos de crisis, cuando hay que pensar un poco antes de actuar gatillado por un pánico, que suele ser contagioso, lo que lleva a tomar medidas contraproducentes. La iniciativa de McCain tuvo otra consecuencia negativa para su campaña. Circula en Estados Unidos la idea de que el republicano es demasiado viejo para ser presidente y elegir a Palin como candidata fue un acto electoralista. El Washington Post, ni bien se anunció que Palin aspiraba a la vicepresidencia, afirmó que la elección estaba equivocada y que McCain había cometido un error en su primer acto presidencial. La crisis despertó esta preocupación del Post. McCain tiene 72 años, sus probabilidades de morir de aquí a 2016, cuando cumpla 80 años, se estiman en un 20 por ciento. Por lo tanto, elegir a Palin es como elegir a una persona que tiene una probabilidad importante de ser presidente. Y se hace con el voto de una sola persona, quien lo hizo fijándose en las necesidades de su campaña presidencial y no en el país. Por todas estas razones, el debate entre los dos candidatos a vicepresidente, Sarah Palin y Joe Biden, cobró mayor importancia que de costumbre el jueves último. En ese debate, las cualidades de los dos candidatos serán examinadas para determinar quién sería el mejor vicepresidente. Pero además a Palin se la va a examinar como el resultado del primer acto presidencial de McCain. Si Palin falla esta prueba, el resultado puede ser desastroso para la campaña republicana.
RIORDAN ROETT, ASESOR DE OBAMA PARA AMÉRICA LATINA “Para la Argentina, la crisis puede ser una oportunidad”
Por Néstor Leone
Es director del programa Western Hemisphere Studies de la Universidad Johns Hopkins y asesora a Barack Obama en temas relacionados con la región. ¿Con qué intensidad y de qué forma se sentirá el impacto de la crisis financiera mundial en las economías reales latinoamericanas? La intensidad del impacto todavía no la conocemos. Por supuesto que habrá impacto, porque la crisis en Estados Unidos es bastante profunda y hay mucha incertidumbre. Pero el colapso ha alcanzado también a varios bancos de Europa, y no hay un panorama claro, todavía, del impacto geopolítico-financiero de la crisis. Creo sí que algunos países, como Chile, Brasil o Colombia están mejor protegidos y tienen reservas importantes. ¿Y la Argentina? La situación de la Argentina sigue siendo frágil porque tiene cerrado el acceso al crédito internacional. Según el jefe para la región del Banco Mundial, Augusto de la Torre, la región es menos vulnerable a los efectos de la crisis. Y comparó esta situación con las crisis de los noventa. De la Torre es un hombre inteligente y estoy de acuerdo con él. El impacto va a ser diferente según cada país y según las decisiones que se vienen tomando en la última década para proteger la economía real de los países. En Centroamérica, por ejemplo, El Salvador es fuerte y Honduras bastante débil. Venezuela podría tener problemas muy complicados, también Bolivia. La situación de México también es muy preocupante: desgraciadamente, depende mucho de la economía norteamericana. Fortalecer la integración regional, ¿puede ser un antídoto? No, verdaderamente no, porque son procesos que necesitan bastante tiempo y estas cosas se definen en el presente. El Mercosur francamente no funciona, la Aladi (Asociación Latinoamericana de Integración) está muerta, el Pacto Andino tampoco funciona muy bien y la Unasur es muy nueva y mucho más política que otra cosa. ¿Cuánto puede cambiar la relación con Estados Unidos de aquí en más? En el corto plazo, no creo. El próximo presidente, sea republicano o sea demócrata, va tener que superar las consecuencias de los déficit, de dos guerras y de esta crisis financiera, entonces no va a haber espacio para hacer muchas cosas. Por su puesto, creo que el candidato demócrata entiende más la dinámica de América Latina. McCain no entiende nada. Sus asesores son más conservadores que los que tiene George Bush o son los mismos. Si se da, como se prevé, un cambio del peso relativo entre los países más poderosos del planeta, ¿puede ser beneficioso para la región, por caso, la preeminencia de China? Muy beneficioso. Es más, yo creo que Brasil con Rusia, India y China van a tener más peso en el nuevo orden. Chile, que es un país pequeño, con su política estratégica mirando al Asia también puede ser importante. Ojalá que la presidenta Cristina Fernández siga en la línea que inició con la negociación con el Club de París o los holdouts y se sume a ese bloque, porque también para la Argentina puede ser una oportunidad. ¿No significa, de algún modo, un cambio de paradigma? Lo cierto es que una etapa del capitalismo parece estar agotándose. Es un cambio de paradigma importantísimo. Se termina el modelo del mercado salvaje y seguramente tendremos un mundo con más intervención del Estado y mayor incidencia del sector público. El presidente de Francia, Sarkozy, propuso reconstruir el sistema financiero y monetario creado después de la Segunda Guerra Mundial en Bretton-Woods. ¿Está de acuerdo? Estoy de acuerdo. Mi país ya no es más, después de esta crisis, el único poder del mundo. Tiene que abrirse un espacio para un verdadero mundo multipolar donde, necesariamente, vamos a tener que renegociar los acuerdos de Bretton-Woods.
JUAN CARLOS HIDALGO, ECONOMISTA El impacto en la región
Es coordinador de proyectos para América Latina del Instituto Cato, una usina de pensamiento de la derecha ultraliberal en Estados Unidos. ¿Qué impacto puede tener la crisis en América Latina? Creo que América Latina está posicionada mejor que nunca. Eso no significa que la región salga ilesa de un cimbronazo en la economía mundial, con menos inversiones, menos exportaciones y menos producción; pero no va a ser catastrófico. Las más perjudicadas, seguramente, serán las economías más integradas a Estados Unidos. Las sudamericanas, en cambio, parecen protegidas, ya que sus exportaciones son un poco más variadas, más diversificadas. Y ahí hay que destacar el papel que en los últimos años han jugado países como China en el comercio exterior. Pero la crisis también afectará a China y puede traer alguna retracción. Los denostados gobiernos de centroizquierda de la región, entonces, no estarían haciendo tan mal las cosas, como tanto se proclama. La razón por la cual Latinoamérica está mejor preparada que nunca para recibir una crisis no es porque los gobiernos populistas hayan escudado a sus países de los vaivenes financieros internacionales, sino que se debe, simplemente, a que esos gobiernos cuentan con un escenario macroeconómico bastante fuerte producto de muchas de las políticas que estos populistas denunciaron. Si se dan impactos menores, ¿también puede ser una oportunidad? Es una oportunidad para refirmar los principios macroeconómicos que explican esta fortaleza de la región, que muchos han criticado y que estaban presentes en el tan denostado Consenso de Washington: mantener las cuentas macroeconómicas estables, tener monedas que floten libremente, cuidar los ingresos fiscales o estar abiertos al comercio. Además, ha reestructurado sus deudas y es más baja respecto del PBI. La región ya no depende tanto, como en los 80, del crédito internacional para manejar su coyuntura. La principal repercusión, por ejemplo, en la Argentina, quizá sea comercial: caída de la demanda y en los precios de las materias primas que exportan. Seguramente, pero la Argentina todavía tiene margen de maniobra, puesto que los precios de la soja probablemente permanezcan un poco más altos que otros por la demanda china o de la India. Lo que es muy probable es que, en general, los precios de las materias primas caigan. Lo importante aquí es que haya previsión de verdad y que no se aumente el gasto público porque es muy inflexible: una vez que se aumenta es imposible bajarlo. Creen que pueden afrontar la crisis aumentando el gasto y pueden crear problemas serios. ¿Qué puede pasar con la región según el presidente sea Barack Obama o John McCain? Los candidatos tienen visiones un poco distintas sobre la región. En materia de política exterior una presidencia de Obama les quitaría aire a los gobiernos populistas. Obama es sumamente popular y, a los populistas de la región, de Caracas a Buenos Aires, les va a ser más difícil presentar a Estados Unidos como Satán, como lo han hecho bajo la presidencia de George Bush. McCain, en cambio, es visto como un republicano guerrero; por lo tanto, va a caer como anillo al dedo. Pero, en política comercial, pienso que una presidencia de McCain sería más positiva por su compromiso mayor con el libre comercio y los tratados bilaterales, cosas de las que Obama reniega.
N.L.
|
|
| Envianos tus comentarios |
|
| Comentarios (1) |
|
|
|
|
| Escribir comentario |
|
| IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. |
|
|
|
 |
| Más leídas |
Más recomendadas |
Más comentadas |
|
|