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| El blog de Paul Krugman |
| Por Paul Krugman Arraigada en la política | Una muestra de cobardía moral |
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La retórica anti Obama de Romney Al igual que muchos, me sentí bastante perplejo con la nueva defensa que hizo Mitt Romney de su trabajo en Bain Capital: ¡Fue como con el rescate automotriz! “En las elecciones generales estaré señalando que el presidente tomó las riendas de General Motors y Chrysler, cerró fábricas, cerró agencias, despidió miles y miles de trabajadores”, declaró el 11 de enero Romney, candidato para la nominación presidencial republicana, durante una aparición en el programa de televisión “CBS This Morning”. “Lo hizo para intentar salvar al sector. Nosotros, ocasionalmente, también tuvimos que hacer cosas difíciles para intentar salvar una empresa”, indicó. Lo primero que pensé fue: ¿no fue Romney quien escribió una columna de opinión titulada “Dejemos que Detroit vaya a la bancarrota” (“Let Detroit Go Bankrupt”)? Sí, ha sido él. Pero el título era engañoso. En realidad, apelaba por una “bancarrota administrada”, con apoyo gubernamental, casi igual a lo que realmente sucedió. “Una bancarrota administrada tal vez sea el único camino para la reestructuración fundamental que necesita la industria”, escribió Romney, en The New York Times, el 18 de noviembre de 2008. “Permitiría que las compañías se sacudan del exceso de mano de obra, pensiones y costos inmobiliarios. El gobierno federal debería proveer garantías de financiamiento posbancarrota y asegurar a los compradores de autos que sus pólizas de garantía no corren riesgo”, subrayó. Entonces, ¿Romney puede afirmar que siempre apoyó esta política exitosa? No, no puede, porque cuando realmente se propuso la política, la destrozó: “Lo que se propone es aún peor que la bancarrota, convertiría a GM en un muerto viviente”, escribió en un blog de la página de Internet de The National Review, el 29 de abril de 2009. Lo que realmente muestra la historia de Romney y el rescate automotriz es algo que ya sabíamos a partir del sistema de salud: que es un tipo inteligente, pero también un cobarde moral. Su propuesta original para la industria automotriz, al igual que su ley de reforma para el sistema de salud de Massachusetts, se asemejaron considerablemente a lo que realmente hizo Obama. Pero cuando el hecho se materializó, Romney -en lugar de tener el coraje de decir que el presidente verdaderamente estaba haciendo algo razonable- se unió al resto de su partido quejándose y denunciando el plan. Y ahora quiere acreditarse la misma política que denostó cuando colgaba de la balanza.
La austeridad empeora la tragedia griega The Washington Post publicó recientemente una estremecedora historia sobre el sufrimiento que se está imponiendo sobre los ciudadanos griegos. ¡Vaya con la doctrina de la austeridad expansionaria! Tengo que disputar una parte, empero. En el artículo, publicado el 10 de enero y titulado “En Grecia, temores de que la austeridad está matando a la economía” (“In Greece, Fears That Austerity Is Killing the Economy”), hay una discusión sobre por qué se está imponiendo una austeridad tan dura: “Las potencias europeas, encabezadas por una Alemania fiscalmente conservadora, han estado insistiendo en que Grecia corrija años de mala administración promulgando súbitas oleadas de recortes y otras reformas económicas importantes para recuperar la confianza de los inversionistas y garantizar la integridad del euro. Recortar rápidamente el déficit es esencial para marcar el comienzo de un futuro sustentable, según han sostenido, y el sufrimiento social resultante es necesario para recalcar entre los políticos y la sociedad griega que tales excesos no deberían volver a pasar”. Gran parte de esto es correcto -pero no la que habla de recuperar la confianza de los inversionistas- o, en cualquier caso, no es de lo que se trata en estos días, puesto que en este punto ha quedado bastante claro que la confianza de los inversores es irrecuperable. El costo del endeudamiento de los griegos no va a bajar a niveles accesibles durante mucho tiempo. Entonces, ahora la austeridad no está motivada por el mercado, sino que tiene motivaciones políticas: es el sacrificio que los prestamistas oficiales están demandando para mantener el goteo de efectivo. Y, realmente, tiene mucho que ver con un castigo. Hemos visto una demostración impresionante de que recortar profundamente el presupuesto de una economía deprimida difícilmente siquiera reduce el déficit, porque hace caer la economía y con ella los ingresos fiscales. Realmente no veo cómo pueda seguir esto. Pero, según se dice, la alternativa es el default y el abandono del euro. Bueno, es un escenario terrible, ¿pero cómo puede ser peor de lo que está pasando ahora?
Negociando con alienígenas The New York Times publicó un artículo el 9 de enero sobre la confianza de Alemania en la austeridad como respuesta a la depresión: “España, Italia y Grecia están recibiendo el cuchillo en el gasto público porque no tienen opción. Pero Alemania sigue siendo tan fuerte que podría hacer un favor a sus afligidos socios comerciales enfocándose más en promover la demanda y menos en el recorte de la deuda”, escribió el reportero Jack Ewing. Y agregó: “Podría, pero casi ciertamente no lo hará. Incluso si los legisladores alemanes no hubieran hecho obligatorios los presupuestos equilibrados hace dos años, hay un profundo consenso entre los formuladores de políticas y economistas en el sentido de que la austeridad y el crecimiento no son enemigos, son camaradas”. Es una lectura triste para cualquiera que espere que Europa se organice. Resulta especialmente irritante que los alemanes sigan tan comprometidos con la creencia en la austeridad expansiva, pese a la exhaustiva desmitificación empírica que ha sufrido esa noción durante el último año y medio. Los alemanes creen que su propia experiencia demuestra que la austeridad sirve: atravesaron tiempos difíciles hace una década, pero se apretaron el cinturón y al final todo salió bien. No es que vaya a servir de algo, aunque vale la pena señalar que su experiencia sólo puede generalizarse a otros países si encontramos alienígenas con los que comerciar, y rápido. ¿Por qué? Porque la clave para los asuntos económicos alemanes de esta última década ha sido un cambio verdaderamente masivo de déficit a superávit de cuenta corriente. Ahora, otras naciones dentro de Europa podrían emular el pasado de Alemania si la propia Alemania estuviera dispuesta a dejar desaparecer su propio superávit de cuenta corriente. Pero no es así, por supuesto. Entonces, la exigencia alemana es que todo mundo registre un superávit de cuenta corriente, como ellos, algo que sólo podría suceder si podemos encontrar alguien o algo más que compre nuestras exportaciones. Sigue siendo notable con qué poca sabiduría está gobernado el mundo.
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